:: ¿Es bueno tener dinero? ::


«No contemos el dinero ganado; ya hemos perdido bastante tiempo ganándolo.» Bernard Shaw

El dinero es un medio necesario para sobrevivir. Pero a veces pensamos que mientras más dinero tengamos, más vida y paz obtendremos. Y entonces dejamos entrar en nuestra vida a la avaricia.

En la base de esta pasión está el temor que tiene todo ser humano al futuro incierto, por ello intenta asegurarlo de la mejor manera posible a través del dinero.

Esto nos lleva a pensar que si tenemos más capital, tendremos un futuro más estable, haciéndonos olvidar que el único que asegura nuestro futuro es Dios.

La causa de esta pasión es que dejamos de ver el dinero y las cosas como medios de vida, y las convertimos en fines a atesorar. Así, jamás tendremos suficiente, porque siempre habrá, alguien que tenga más, así como algo más por poseer.

El problema práctico es que sólo podemos tener un último fin en nuestras vidas. Y si consideramos que lo más importante en la vida es el dinero, entonces, equivocadamente, Dios pasa a segundo término, convirtiéndose en medio.

Por ello, esta pasión no afecta sólo a los ricos, sino que todos somos vulnerables a ella, pues incluso los más pobres pueden tener en su corazón un afecto desmedido por la riqueza.

Y, claro, este deseo de conservar o poseer, no puede generar paz, pues todo bien material es, por sí mismo, inestable, y algo inestable no puede darnos paz.

La curación de la avaricia consiste en lo siguiente:

1. Tomar conciencia de que toda posesión es vana y pasajera. Y que jamás me dará la felicidad plena.

En el fondo, conviene aceptar que el estar buscando las riquezas materiales a toda costa nos empobrece, pues nos ciega a las otras riquezas que poseemos y que –estas sí– son capaces de darnos la felicidad y plenitud que estamos buscando: Dios, el amor, la verdad, la oración, la familia, la amistad, etc.

2. Ser consciente de mis necesidades reales, y no de lo que “creemos que necesitamos”. De tal manera que no me obsesione en conseguir algo superfluo.

3. Cultivar una sólida fe en Dios, Señor de todas las cosas, y Padre providente, que jamás va a permitir que uno de sus hijos pase por penurias que no pueda soportar.

4. Finalmente, dar limosna, desprendiéndose, incluso, de algo que nos duela compartir.

P. Adolfo Güémez, L.C.

www.padreadolfo.com


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