¿A qué vino el Papa a México?


Es innegable el interés mediático que ha suscitado la visita del Papa Francisco a México. No hay nadie en el país que no se haya enterado de ella. Todo el pueblo Mexicano está al pendiente de cada gesto, palabra o acción que su Santidad realiza.

Pero no todos han estado de acuerdo con la visita. Muchos son también los detractores. Quienes, a pesar de las pruebas fehacientes, siguen alegando que el Papa cobra por sus visitas, que los gastos son superiores a la derrama económica y drenan los recurso del gobierno, que no debe de venir a visitarnos porque no todo México es católico, etc., etc., etc.

Pero más allá de toda polémica, ¿para qué ha venido el Papa a México?

1. Como él mismo lo ha dicho, ha venido como peregrino. Su visita no es una visita oficial, como cualquier otro jefe de estado, sino que es, principalmente, una peregrinación a muchos lugares santos que tenemos en esta tierra.

Además, el peregrino no sólo visita iglesias, sino también personas. Como ha hecho en tantas ocasiones ya el Papa, su peregrinar es también hacia aquellos individuos más olvidados de la sociedad.

Por eso, cada vez que ve a un enfermo, su mirada se derrite y su sonrisa se reenciende. Porque a eso vino: a ver, hablar y tocar a esos otros cristos que a veces tan olvidados tenemos en nuestra sociedad.

2. El Papa también vino a reconfortarnos. Todos sabemos que el momento histórico de México no es el mejor. Pero también somos conscientes de que el pueblo Mexicano tiene un potencial enorme, que se suele despertar precisamente en momentos como éste.

Así que Francisco ha venido a ayudarnos a hacerlo. Él quiere que México sea cada día mejor, no sólo a nivel económico, sino sobre todo en el espiritual. Él sabe que sólo de la mano de Dios toda violencia puede ser superada, que sólo bajo su protección toda dificultad será vencida.

Él ha venido a recordarnos que no estamos solos. Que la Iglesia Universal, con su cabeza al frente, nos lleva dentro de su corazón.

3. Su Santidad, asimismo, viene a ayudarnos a renovar un amor muy especial: el de la Virgen de Guadalupe.

¿Qué católico no se emocionó al verlo por más de 20 min., en profundo silencio y meditación, frente a frente de la Madre de Dios en Guadalupe? ¿Quién no se sintió más guadalupano ese día?

En México jamás estaremos huérfanos, porque la Madre de Dios nos ha adoptado de una manera muy especial, y nunca nos soltará de su mano, ¡porque ninguna madre suelta jamás a sus hijos!

Gracias, Santidad, por no dejarnos solos, por permitirnos acompañarle en esta peregrinación que ha venido a regalarnos.

www.padreadolfo.com

#Papa #México #Progreso #VirgendeGuadalupe #Consuelo

SACERDOTE Y AUTOR

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PADRE ADOLFO

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