SACERDOTE Y AUTOR

SACERDOTE Y AUTOR

PADRE ADOLFO

:: Perdonarte a ti mismo ::


Es fácil ubicar las ofensas de los demás. Incluso es también relativamente sencillo perdonarlas –¡o al menos hacer el esfuerzo!–. Pero perdonarnos a nosotros mismos no suele ser tan simple.

Porque somos soberbios y pensamos que no tenemos derecho a equivocarnos. Experimentamos nuestra miseria que, como san Pablo, hace las cosas que no quiere, y no hace las que quiere.

Sin embargo, el perdón a uno mismo es indispensable. Y es, de hecho, una de las experiencias más liberadoras que podemos tener. Porque los demás –incluido Dios– nos perdonarán en la medida en que nosotros mismos nos hayamos perdonado.

La manera de hacerlo es a través de la penitencia que, según el diccionario, es «dolor y arrepentimiento que se tiene de una mala acción, o sentimiento de haber ejecutado algo que no se quisiera haber hecho».

San Juan Crisóstomo, un autor antiquísimo, que es de mis preferidos, nos ofrece cinco caminos de penitencia que quiero compartir contigo:

1.º Este es el más importante: confiésate. Es la manera más segura y efectiva para quedar justificados.

¿Por qué? En primer lugar porque es el camino sacramental que Jesús nos dejó para recibir el perdón total de Dios. Y en esto no podemos errar.

Pero más allá del valor teológico de la confesión, ésta tiene también un valor sicológico. Cuanto te confiesas, condenas tú mismo aquello en lo que pecaste. Y «quien condena aquello en lo que faltó con más dificultad volverá a cometerlo; haz que tu conciencia esté siempre despierta y sea como tu acusador doméstico y así no tendrás quien te acuse ante el tribunal de Dios».

2.º Perdona tú también las ofensas que has recibido, «de tal forma que, poniendo a raya nuestra ira, olvidemos las faltas de nuestros hermanos».

Sólo cuando uno experimenta su propia miseria, entonces es también capaz de comprender la de los otros. Porque «si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial» (Mt 6, 14).

3.º La oración ferviente y continuada, que brota de lo íntimo del corazón. Este es un camino hermoso. Porque no se trata nada más de repetir las oraciones que conocemos. Tampoco de agarrar un libro y meditarlo. Se trata de ese corazón necesitado, herido, que eleva súplicas y acción de gracias a Dios.

4.º Este, francamente, me encanta. Porque no es algo que pensemos que nos lleve a la penitencia. Y sin embargo, ¡qué rápido nos transporta a ella! Se trata de la penitencia, que posee una grande y extraordinaria virtualidad.

Al dar limosna nos desprendemos de algo nuestro. No sólo de lo que nos sobra, sino también de aquello que pensamos que necesitamos.

5.º Por último, san Juan Crisóstomo nos invita a ser humilde y a obrar con modestia. La humildad no es hacer el ridículo, no es reconocer que no tengo cualidades. La humildad es la verdad. Es darnos cuenta de que somos tierra, polvo, pero que salimos de una mano amorosa y llena de gracia: la de Dios.

«De ello tienes un ejemplo en aquel publicano, que, si bien no pudo recordar ante Dios su buena conducta, en lugar de buenas obras presentó su humildad y se vio descargado del gran peso de sus muchos pecados».

Así pues, no dejes que la autocompasión te consuma. ¡Camina por estas cinco vías de penitencia y encuentra la libertad que Dios te quiere ofrecer! ¡Verdaderos y auténticos caminos cuaresmales!

Ya que has aprendido con estas palabras a sanar tus heridas, decídete a usar de estas medicinas para recuperar tu salud.

www.padreadolfo.com

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