SACERDOTE Y AUTOR

SACERDOTE Y AUTOR

PADRE ADOLFO

:: Comprometerse con los demás ::


Un matrimonio me decía el otro día que no sabía cómo motivar a sus amigos para hacer apostolado.

«Dicen que no tienen tiempo, que andan muy ocupados. ¡Como si nosotros no tuviéramos nada que hacer!»

Esta es una batalla que se libra desde que el mismo Jesús vino a la tierra: ¿Cómo convencer a los demás de que el trabajo por Dios es el más importante?

El problema no es sólo convencer a los demás, sino que muchas veces las personas comprometidas se desaniman en su mismo compromiso cuando no ven la respuesta que esperaban.

No hay fórmula mágica para lograrlo. Pero lo que está claro es que Dios quiere que lo hagamos. Que no bajemos las manos en medio de la guerra, como Moisés en la batalla contra Amalec.

A pesar de eso, existen algunas actitudes que no podemos dejar de lado si queremos que otros muchos encuentren la felicidad y plenitud que da el compromiso apostólico:

1. Ama a cada persona como si fuera la única. Amar significa no tener en tu corazón otra intención que el bien de la persona amada. El compromiso apostólico es fruto sólo del amor, y para el amor.

No podemos caer en la tentación del proselitismo ciego y abrumador. Conquistar a los demás para Cristo no puede ser fruto de una necesidad apostólica, por más trascendente que sea la misión.

2. Como fruto de este amor, no podemos caer en la tentación de pensar en los números. Hemos de imitar a Cristo, que se dirigió personalmente a cada apóstol, acercándolos a su Corazón de una manera adecuada a cada uno.

Las masas jamás le interesaron a Jesús. Él amaba a cada persona, y por eso se entregaba a cada una de una manera especial. A Tomás le dejó tocar sus llagas, a Natanael le reveló un secreto, a Juan le dejó recostarse en su pecho, a Pedro lo confrontó con su soberbia.

3. No perdamos de vista que el principal interesado en tener apóstoles es el mismos Dios. Jesús dice en su Evangelio: «Ustedes no me escogieron a mí, sino que yo les he escogido a ustedes, los designé para que vayan y den fruto, y su fruto permanezca.» (Jn 15, 16)

Hemos, por tanto, de confiar en que todo lo que Dios ya ha escogido a todos los apóstoles necesarios para extender su Reino. A nosotros sólo nos toca ayudarles a descubrir ese llamado que procede de Dios mismo, no de una obra ni de otra persona humana.

4. Recordemos siempre que el compromiso apostólico coloca a cada ser humano en un camino que lo llevará hacia la máxima plenitud de su santidad.

Comprometer a un apóstol es llevarlo hacia una felicidad que nada ni nadie más le puede dar.

La tentación del desánimo es muy grande. La respuesta de la gente a nuestra llamada y entusiasmo es a veces muy poca, y en muchas ocasiones pareciera incluso nula. Pero no olvidemos que la misión no es nuestra, es de Dios. Y que por ello el principal interesado es Él. Dejémosle actuar. Abrámosle nuestro corazón. A nosotros sólo nos toca prestarle nuestro cuerpo y nuestra alma.

Termino con la oración que todo apóstol debería rezar todos los días:

Señor Jesús: Te entrego mis manos para hacer tu trabajo. Te entrego mis pies para seguir tu camino. Te entrego mis ojos para ver como tú ves. Te entrego mi lengua para hablar tus palabras. Te entrego mi mente para que tú pienses en mí. Te entrego mi espíritu para que tú ores en mí.

Sobre todo te entrego mi corazón para que en mí ames a tu Padre y a todos los hombres. Te entrego todo mi ser para que crezcas tú en mí, para que seas tú, Cristo, quien viva, trabaje y ore en mí.

Amén.

www.padreadolfo.com

#Apostolado #Amoralprójimo #Compromiso

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