SACERDOTE Y AUTOR

SACERDOTE Y AUTOR

PADRE ADOLFO

:: Dime quién eres ::


Autor: «Estoy escribiendo un libro que se llamará “¿Por qué tengo miedo de decirte quién soy?”» Otro: «¿Quieres una respuesta a tu pregunta?» Autor: «Ese es el propósito del libro, responder a la pregunta.» Otro: «Pero, ¿quieres mi respuesta?» Autor: «Sí, por supuesto que la quiero.» Otro: «Tengo miedo de decirte quién soy porque, si te lo digo, puede no gustarte quién soy, y eso es todo lo que tengo.» Este diálogo que describe John Powell, S.J. me llamó fuertemente la atención. Porque tiene mucha razón. ¡Y jamás lo había pensado! Abrir la intimidad a otro es peligroso, porque nos revela tal cual somos. Y esto nos vuelve vulnerables. El problema es que lo contrario nos hace mostrar a los demás alguien que no somos. Nos colocamos máscaras y no dejamos que nada ni nadie las levante. Aunque desde lo más hondo de nuestro ser sabemos y sentimos que esto no nos está haciendo felices. Ninguno de nosotros quiere ser un farsante. Ninguno quiere vivir una vida que no es la propia, construyendo sobre cimientos que no son lo que somos. La mentira, sea la que sea, no puede llenar jamás nuestro corazón. Bien lo dijo Jesús: «la verdad los hará libres», me atrevo a agregar que también nos hará felices. Con esto no estoy abogando por publicar todos nuestros secretos. Esto jamás. La intimidad es un tesoro que cada uno debe saber administrar. Pero no podemos tampoco guardarnos de expresar lo que somos, en la medida correcta, con aquellos que debemos hacerlo. Todos necesitamos compartir en mayor o menor medida lo que somos. Y debemos de hacerlo de diversas maneras. En primer lugar con Dios, a quien nada le podemos esconder, porque, como dice san Agustín, es lo más íntimo de nuestra intimidad. Pretender ocultarle lo que somos no es otra cosa que engañarnos a nosotros mismos. Para Él no hay secretos. Todo está bajo sus ojos. Una relación con Dios donde soy yo mismo siempre, es una relación que me libera de mis miedos más profundos, que me llena de paz y que me da una seguridad que nada ni nadie podrá jamás ofrecerme. El Señor «todo lo ve» (2Ma 9, 5). Así nos ama. Así nos acepta. Pero queriendo sacar siempre lo mejor de nosotros. Así mismo, todos necesitamos amigos de verdad; almas gemelas con quienes podamos ser tal cual somos. Pero no soñemos. Esos amigos no abundan. Son pocos, pero cada uno es un tesoro. La amistad puede comenzar por la simpatía espontánea del “me cayó bien”. Pero no imaginemos que se va a construir por sí sola. Hay que lucharla todos los días, edificarla con los ladrillos de mi tiempo, mi confianza y mi entrega. Recordemos también que sólo existen los amigos reales, no lo ideales. Un amigo jamás será perfecto. Porque siempre será humano, tan humano como tú. ¿Dónde los podemos buscar? En primer lugar, dentro tu familia. Si estás casado, en tu cónyuge. Pero también en tus hermanos, papás, primos, hijos. También, claro está, los podemos encontrar en toda la gente buena que seguramente te rodea. Mostrarnos como somos, con toda la profundidad de nuestro ser, es una experiencia liberadora, muy satisfactoria y comprometedora. Tiene riesgos, sí, pero vale la pena correrlos.

#Intimidadpersonal #ConfianzaenDios #Amigos

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