:: Charlie, Charlie, jajaja ::


«Charlie, Charlie, jajaja», así fue como un universitario comenzó a preguntarme sobre el misterioso “juego” que ha hecho furor en Internet. En menos de 48 horas, por ejemplo, el hastag#CharlieCharlieChallenge se utilizó más de dos millones de veces. El “juego” consiste en poner dos lápices en forma de cruz, equilibrándolos sobre una hoja con las palabras «Si» y «No», distribuidas en dos cuadrantes cada una. Una vez colocado el tablero, el reto consiste en hacer preguntas a Charlie, un espíritu o demonio que debe de mover los lápices hacia la respuesta. «¿Está mal jugar? Jajaja», continuó nervioso el estudiante, desvelando que él mismo había participado en él. Está claro que la naturaleza misma del “juego” se basa en invocar, en forma de broma o no, a algún ser sobrenatural llamado Charlie –sea este un demonio o un espíritu–, buscando una respuesta sobre algo desconocido y cuya contestación este supuesto Charlie sabría. Como se puede ver, tiene muchas semejanzas con la Ouija, y por lo mismo, muchos de los mismos peligros. La maldad principal que puedo ver detrás de todo esto, es el abrir la posible entrada de un demonio o espíritu real. Ojo, no soy alarmista, y no creo que todos los que “jueguen” de hecho lo invoquen –sobre todo los que lo hicieron un par de veces y en son de broma–. Pero lo cierto es que se abre una puerta que antes estaba cerrada, y detrás de la cual es posible seguir abriendo otras que probablemente no resulten tan inofensivas. Y así, se convierte en una especie de ruleta rusa, donde tal vez no pase nada, pero tal vez sí. Además, como consta en las mismas redes sociales, el “juego” no se queda en pasar un “buen rato”, sino que te desafía a seguir realizando ritos y cosas –absurdas o no–, pero que pueden llenar de inquietud los corazones. La Iglesia siempre ha considerado a la superstición y la adivinación como una ofensa grave a la propia dignidad humana y al respeto y adoración que debemos a Dios. El gran error que se comete al “jugar” éste o cualquier otro “juego” similar, es la falta de confianza en Dios, recurriendo a otros seres para intentar conocer el futuro o cualquier otra cosa velada. Y si bien es claro que Dios puede revelar el porvenir a sus profetas o a otros santos, jamás lo hará en medio de un “juego” donde se invoca a un demonio o un espíritu dudoso. Como dice el Catecismo n. 2116, «todas las formas de adivinación deben rechazarse: recurso a Satán o a los demonios, evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone "desvelan" el porvenir». Porque «encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de conciliarse los poderes ocultos. Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios». No deja de resultarme curioso que en una sociedad cada día más “tecnificada” y “racionalista”, las practicas adivinatorias y las supersticiones sean cada vez más comunes. ¿No será que la falta de fe nos está llevando a ello? Porque el corazón del hombre fue hecho para Dios, y siempre estará inquieto hasta que se llene de Él. El cristiano no se debe preocupar por el futuro, ya que se sabe en manos de un Padre providente, que siempre nos dará todo aquello que necesitemos para nuestra salvación.


SACERDOTE Y AUTOR

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PADRE ADOLFO

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