:: ¿Y después de la familia? ::


Y después de la familia, ¿qué?... ¡Pues la familia! Porque no hay mejor respuesta a la naturaleza afectiva, psicológica, humana y espiritual del hombre que ella misma. Es cierto que para la sociedad hoy en día ella aparece cada vez menos valorada. Pero sin importar las modas, ni lo que algunos líderes de opinión quieran que creamos, ¡la familia siempre será la familia! Ella es el pilar, la base sólida, un sustento único e irremplazable. En mi experiencia como sacerdote, puedo asegurar que las personas que cuentan con una familia detrás de ellos, siempre salen adelante. Porque se saben aceptados incondicionalmente. Porque son amados, sin peros ni requisitos. Porque cuando uno cae, el otro lo levanta. Y si todos caen, se ponen de pie juntos, buscando ayudarse unos a otros. ¡Esa es la fuerza de una familia! Ejemplos, a Dios gracias, sobran. ¡Y siempre abundarán! Como el del matrimonio de José y Fernanda, quienes después de perder a su hijo pequeño, no sólo no han dejado que el dolor separe a su familia, sino que su amor se ha estrechado aún más que antes. «Lo hemos visto como el momento de cumplir nuestra promesa ante el altar: en las buenas y en las malas», dice Fernanda. «No nos ha sido fácil. Pero el tomarnos de la mano de Dios, y a la vez uno del otro, es lo que nos ha mantenido en pie, caminando juntos», asegura con lágrimas en los ojos su esposo. O el de María y Daniel, que desde afuera parecen un matrimonio al que todo le va perfecto, pero cuando uno les conoce un poco, se da cuenta de que tienen tantos problemas y diferencias como cualquier otro. Cuando les pregunté cómo le hacían, Daniel me contestó: «La clave es no centrarnos en lo que nos separa, pues vamos a vivir juntos máximo 60 o 65 años. ¡No vale la pena! Mejor construir desde lo que nos une e identifica. A fin de cuentas, eso fue lo que me enamoró de ella, y fue lo que Dios bendijo el día de nuestra boda». Y María añade: «No es que no discutamos ni nos enojemos. ¡Yo sobre todo! Pero en nuestra familia buscamos no ahogarnos en un vaso de agua. Queremos darle a cada problema la importancia que le corresponde, no la que mi enojo momentáneo le quiera dar. Y si estamos muy estresados o enfadados, tenemos un acuerdo de no discutir hasta que nos hayamos calmado». También me llama mucho la atención Karina, quien hace años perdió a su esposo en un trágico accidente. Sigue soltera, dedicada a sus tres hijos. «Mi familia me necesita. Al inicio tuve la tentación de dejarme hundir en la tristeza, pero pronto me di cuenta de que mi familia no se había acabado con la muerte de mi marido. Seguía existiendo, tanto como antes. Y de cada uno dependía que no se viniera abajo. Mis hijos estaban serenos. ¡Yo tenía que estarlo también! Dios nos regaló a los cuatro su fuerza; a mí me levantó, y por eso seguimos luchando unidos día a día.» Así es la verdadera familia. No importa dónde esté, qué suceda o quiénes la integren, siempre será fuerte si está sostenida en Dios. Hoy día muchos nos quieren hacer pensar que la familia está ya muy devaluada y pasada de moda. Pero no, la llevamos inscrita en nuestra naturaleza, y por eso siempre volverá a ser la columna vertebral de toda sociedad que se precie de ser sana, desarrollada y equilibrada. No existen familias perfectas. Todas son tan normales como la tuya. Porque todas están formadas por personas ordinarias como tú y yo. Las que sí existen son familias dispuestas a centrarse en lo importante, y a dejar de lado lo accidental. Por eso, la mejor prueba que el hombre puede encontrar de que existe el amor sin límites, es la familia. Ni más ni menos.

#Familia #Unión

SACERDOTE Y AUTOR

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PADRE ADOLFO

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