SACERDOTE Y AUTOR

SACERDOTE Y AUTOR

PADRE ADOLFO

:: Vivir sin compromiso ::


Una de las cosas que más me costó dejar cuando entré al seminario fue mi grupo de rock. Se llamaba “La Banca”. Llevábamos ya dos años tocando juntos en bares, antros e incluso la feria de mi ciudad. Claro que conllevó un sacrificio. Eso por no mencionar a la familia, los amigos, la novia. ¡Costó! ¡Pero valió la pena! Porque cuando Dios llama, no te invita a dejar cosas malas. ¡Eso sería muy pobre de su parte! Te reta a dejar cosas buenas, a veces muy buenas, pero siempre a cambio de algo mejor para ti. Este próximo domingo celebramos el Día Mundial de la Oración por las Vocaciones. En lo personal no puedo dejar de agradecer el hermoso camino que me ha tocado vivir como ministro de la Iglesia. Las satisfacciones y la plenitud que experimento son incontables. Porque, estoy seguro, vienen en primer lugar de Él, dado que fue Él quien me dio esta vocación. Quisiera aclarar algo: cuando se menciona la palabra vocación, enseguida pensamos en los sacerdotes o las monjas. Pero no, la vocación es para cada bautizado. Porque se trata del camino de plenitud que Dios tiene preparado para cada persona. Sea en la vida consagrada, en el matrimonio o en el celibato. Todo cristiano tiene un lugar especialísimo en el mundo. La mayor parte lo hace formando una familia y/o desarrollando una profesión. Otros, como yo, lo hacemos entregando nuestra vida entera a Dios. Cada quien tiene su llamado. Porque cada uno es distinto del otro. En plan jocoso podríamos decir que Dios no se dedica a la piratería; todo lo que hace, lo crea original. Así pues, se trata de un camino único e irrepetible. Adecuado para cada alma. Pensado por amor y para el amor. De tal manera que existe un espacio que solo tú puedes ocupar. Y es llenándolo como cada uno aporta lo que puede para mejorar el mundo. Esto no se da por arte de magia. Requiere esfuerzo. Primero para encontrar mi verdadera vocación, pero después para seguirla. Qué triste sería que supiéramos para qué nos hizo Dios, pero no tuviéramos la fuerza para lograrlo. Para que la vocación nos llene, debemos perseverar en nuestras elecciones y compromisos. Porque no existe ni la felicidad de microondas, ni las aspirinas de alegría. Esto va muchas veces en contra de la cultura dominante. Hoy por hoy nos encanta vivir sin compromiso. Como si eso nos liberara. Como si fuera el camino de la felicidad. ¡Nada más falso! Estoy convencido que a esto se debe una buena cantidad de divorcios, o de vocaciones consagradas truncadas. Porque ante la primera dificultad queremos correr. Como si los problemas no formaran parte de cualquier vida y situación. Aún tengo en la memoria el recuerdo de un amigo que se divorció y volvió a unirse por el civil con otra persona. Me decía: «De haber sabido que también con la segunda iba a tener diferencias, no me divorcio». Contrariedades habrá siempre. Nada de lo que vale se logra sin esfuerzo. A veces la vida rechina. Otras fluye. Pero siempre y en cada momento, nuestro foco ha de ser el de perseverar. Pero no olvidemos jamás que contamos con un Socio en este negocio. Se llama Dios. Y de Él podemos obtener todo el capital de gracia que necesitemos para llevar a buen fin nuestro camino. Porque la vocación no se la inventa cada uno. ¡Él nos la da! Y Dios jamás encarga misiones, sin antes otorgar todas las herramientas necesarias para llevarlas a cabo. Queridos matrimonios, estimados jóvenes, ser feliz no es fácil. Pero tampoco es imposible. Con un poco de perseverancia de nuestra parte, y mucha confianza en Dios y su gracia, tenemos todo lo que necesitamos para lograrlo.

#Vocación #Sacerdotes #Oración

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